miércoles, enero 30, 2008

Marcando tarjeta

Los que ya me conocen sabrán que para mi el tema del transporte público es algo que me interesa desde hace tiempo. Tal vez a raiz del nefasto combi-sistema que funciona en mi ciudad natal. Tanto así que hasta tema de tesis fue en el Master que nunca terminé cuando aún andaba por Barcelona.

Es así que tiempo antes de mudarme a los Paises Bajos y cuando iba a éstos solo de visita, encontré bastante peculiar el método utilizado para pagar los viajes en tranvía. Uno tenía que cargar con una tira larga de papel azul con espacios rectangulares en blanco e introducirla en unas maquinitas (similares a las que uno usa o usaba -a mi me tocó alguna vez- en algunas oficinas, de preferencia estatales, marcando sus horarios de entrada y salida), calculando previamente el número de zonas que iba a atravesar en su trayecto, para así darle el doblez en la línea divisoria entre los espacios ya mencionados que correspondan, siempre uno más que el de zonas a recorrer (2 zonas=3 espacios, 4=5 y así) ¿Complicado? Ya mudado aquí logré de alguna forma adecuarme y descubrir al mismo tiempo el novísimo y modernísmo sistema, destinado a dejar la tira de marras como elemento de museo: la OV-chipkaart.

En teoría más simple, el nuevo dispositivo funciona como una tarjeta de débito, consta de un chip, que al pasarse por un lector, ubicado ya sea dentro del convoy o a pie de las estaciones, automáticamente se descuenta la cantidad de dinero correspondiente a la ruta a seguir. Pero como en Holanda las tarifas pueden variar bastante entre una parada y la otra, uno tiene que pasar la tarjeta al subirse y al bajarse del tranvía. El asunto es que hasta ahora el sistema sigue en periodo de prueba (solo funciona en Rotterdam y en el metro de superficie que lo une con La Haya) y está siendo objeto de duras críticas. Por un lado, lo de pasar la tarjeta al bajarse. Si uno anda apurado o distraido (heme aquí) lo más probable es que se olvide y en ese caso le tocará la gracia de pagar como si hubiera hecho el trayecto de un extremo al otro del recorrido total. Por otro lado, también se ha hablado de la invasión de la privacidad, al quedar registradas las salidas y llegadas que uno hace a diario mientras se mueve por la ciudad, pudiendo usarse esto vaya uno a saber con qué fines.

Pero lo peor de todo es que hace muy poco unos estudiantes de informática demostraron ante cámaras lo fácil que era crackearles el sistema y poner dinero virtual en la misma por cualquier cantidad. Así que ahora se rumorea que seguro el ministerio tendrá que dar marcha atrás y tal vez hasta retirar las sofisticadas tarjetitas y lectores de circulación. No queda otra que resignarse a seguir usando la tira de papel que siempre se me hace un enrollado en el bolsillo.

jueves, enero 03, 2008

Sweet Lake City


Nos mudamos, al fin y al cabo. 2 meses y medio arrimados con los suegros fueron suficientes y, sin planearlo con mucha antelación, hemos terminado en Zoetermeer, que hasta no hace mucho antes de decidir la partida hacia los Países Bajos, el que escribe no sabía ni que existía. Y resulta que la ciudad en cuestión (cuya traducción sería "lago dulce", que ahora se llama Noord Aa y que en la actualidad se ha reducido a una lagunita y no, todavía no lo pruebo) tiene al menos unos 1000 años de existencia. Primero como un pueblito medieval de pescadores y granjeros y en los más recientes 60s en una alternativa de vivienda para la gente que trabajaba en La Haya, de la cual queda a una distancia relativamente corta. Y desde allí ha ido creciendo hasta lo que es hoy, que alguna gente llama "The Dutch Silicon Valley", por la importancia que la informática al parecer tiene por aquí. Hasta aquí el plaje de la Viky (aka, wikipedia).

Para mi, lo primero que me viene a la mente es el estrambótico puente peatonal de sección abovedada, que más bien parece un corredor interespacial y que está situado al lado de la estación de tren. Luego, que las calles son casi todas serpenteantes y en anillos. Se nota que el urbanista se debe haber divertido de lo lindo dibujando con sus serchas y compases. Para quien no es de aquí, fácil perderse si no hay mapa. Aún me falta recorrerlo un poco más, pero lo visto hasta ahora no me desagrada. Y es tranquilo, algo que en esta etapa de mi vida ocupa una importancia que antes no hubiera pensado.

Pero ahí no acaba la gracia. Nos hemos mudado a un Centraal Wonen, que en pocas palabras es un lugar de vida en comunidad. Por más que en el edificio están los departamentos separados, como en cualquier otra finca común y silvestre, aquí se establecen comités y se espera de los inquilinos una participación activa para con la vecindad. Cosas como limpieza, jardinería y hasta cocina, ya que tienen un bar-comedor que se usa con cierta frecuencia. Y las responsabilidades se van rotando. Entonces, por más que ni nosotros mismos estábamos convencidos de la opción, la comunidad (secta, dirán otros) nos sometió a un par de reuniones-interrogatorios en donde se aseguraban que nosotros éramos idóneos para formar parte del grupo, en los que no nos quedó otra que demostrar entusiasmo desbordado y soltar algunas mentirillas como que nos encanta la idea de la vida en comunidad y que nuestra estancia sería larga. La paradoja está en que nuestra elección fue más guiada por el precio que por lo otro, por más que al final las condiciones terminaron siendo casi las mismas a las que si hubieramos optado por un piso de los "normales". Aquí también tuvimos que lidiar con una inmobiliaria y no, la cosa no fue muy grata. Volviendo a las responsabilidades asumidas, ya me he ofrecido a cocinar algún plato peruano para los (probablemente) 20 o 25 comensales. Algo que jamás he hecho y espero no fracasar en el intento, ya que además me tocará hacerlo al menos 1 vez cada 2 meses. Sobreviviremos?