miércoles, noviembre 18, 2009

Contracorriente

Hoy finalmente se le cayó la última hoja verde (o más bien amarillenta) que le quedaba al generoso árbol de enfrente de nuestro balcón. El otoño, se entiende. Hacia el medio día decidí ir a la granja de la zona a comprar queso, descartando la comodidad de hacerlo en auto. Así que, montado en la bici, me dediqué a rodear el lago vecino y enfrentar al amenazante viento, que me impedía avanzar en línea recta, empujándome constantemente a salirme de la vía. Pero sobreviví al efecto cometa y volví de la aventura sano y salvo, por más que a la vuelta me equivoqué de ruta y acabé en otro pueblo.

El fuerte viento (además de las lluvias, o la combinación de los mismos) es asunto frecuente en estas latitudes, como ya se sabe. Tal vez por eso a un señor de por aquí se le ocurrió hace casi una década la invención de una turbina generadora de electricidad de uso "doméstico" (ver video), aparato que ha ido evolucionando con el tiempo, y ha empezado a verse incluso fuera de los Países Bajos. Justamente a través de la empresa española que promueve, difunde e instala el Turby (que así se llama), me salió un primer cachuelo como intérprete entre los peninsulares y el inventor (inglés-español, que mi holandés ha mejorado - con decirles que en nuestra reciente corta estancia en Barcelona se me salían los "bedankt" y "alstublieft" ya de manera inconsciente - pero tampoco tanto), que ahora ha derivado en uno segundo de traductor de textos, y que, además, me empujó a dejar de una vez por toda esto de ser repartidor de correo basura (porque cartero no era), y que, por último, coincidiera en tiempos con mis primeros pininos como vendedor de fruta. Labor que ya me ocupara un respectivo post. Por lo pronto, a seguir lidiando con el vendaval.