lunes, agosto 13, 2012

Primero yo

- Me llamo N, tengo 24 años y vivo en La Haya, tengo un hijo de 7, pero no vivo con la madre, aunque mantenemos una muy buena relación...

(¿Y este? ¿Se habrá hueveado, pensando que el entrevistado es el? ¿O será una nueva técnica que el habrá visto en alguna parte?)

-... acabo de volver de Suecia, en donde estuve dos semanas entre las montañas, acampando, cocinando y comiendo a la intemperie, todo un retorno a lo básico, algo que hago por primera vez también, al estilo "survival"...

(Bien por ti)

-...estoy en esta tienda desde antes que abriera (algo más de 1 año), ayudando a darle forma. Antes trabajé en AH (la cadena más grande de supermercados de aquí) desde muy joven, donde además me especialicé en estudios que la empresa ofrece a los empleados que quieran hacer carrera en el ramo...

(pobre, lo único que ha hecho en su vida es trabajar en supermercados)

Luego de unos 10 o 15 minutos de monólogo, a lo cual yo me limité a oir y asentir, N me cede el turno. Le hago una versión corta de mi situación (no, no conté la historia del tren), pensando que todo esto ya lo dije en mis dos entrevistas anteriores, de lo cual mis respectivos interlocutores parecían tomar nota, aunque, al parecer, no las compartieran.

Llegado el momento, N (a quien no dejo de relacionar a O, un compañero del trabajo anterior, igual de rubio y autosuficiente, así como partidario de la ley del menor esfuerzo) me pregunta que qué estoy dispuesto a hacer para que la sección de frutas y verduras de esta tienda sea la mejor de la zona. Me quedo en blanco, aunque la respuesta la tenga clara: ¡Cambiar de proveedor! Porque la verdad, la gracia de esta nueva tienda reside en su presentación y diseño (un amigo me dijo que la gente va ahí a comprar más para ser visto, porque es muy "trendy"), en sus puestos de pescado y panadería, mas no en la sección que me atañe, en donde los productos de la competencia son mejores. Pero eso no se los iba a decir.

En algún momento se añade a la conversa M, con quien me habían originalmente programado y que, junto a N, son los encargados del local en su conjunto. Llegamos por enésima vez al único pero que me pusieron en las anteriores fases de selección: el horario de trabajo (yo solo estoy dispuesto a trabajar 32 horas, repartidas en 4 días, cuestión de mantener turnos para cuidar a la pequeña). Ante lo que N me suelta: "Claro que puedes trabajar 32 horas, pero los días de trabajo son los mismos: 5". Noticia que me coge inesperado y me deja sin piso, algo que N nota de inmediato. Me dieron ganas de increparles, de por qué no me dijeron esto en la primera entrevista. Ellos se limitan a decirme que los que me vieron antes no saben nada y que ellos si, que la idea es filtrar a los candidatos en el camino, porque ellos no tienen tiempo de revisar a tantos. Finalmente, que lo meditarán y me llamarán - una vez más - dentro de una semana.

Mientras hacía mis compras, pensaba en cómo con cada entrevista, mis ganas de trabajar ahí se me habían ido disipando, llegando al final a centrarse en el nada desdeñable salario. Escogía unas naranjas, mientras oía la musiquilla adulto-contemporánea de fondo y me imaginaba teniendo como jefes al dúo dinámico. Nada qué hacer, seguiré en calidad de pobre.

sábado, julio 24, 2010

El retraso de la novedad

Ya pasada la temporada mundialera, toca recapitular. Mi afición hacia la selección holandesa no ha sido de siempre. Digamos que me ha venido por adopción. Algo que empezó por simple simpatía y ahora podría pasar por fanaticada. Así mismo, esta afición ha ido de la mano a una creciente antipatía hacia la selección española, heredada desde la época que me tocó vivir en la península y alimentada por el exceso triunfalismo y soberbia que destilan sus telediarios. Un sentimiento que tal vez se lo deba en parte al rechazo que la misma genera en muchos catalanes, por lo que ya se sabe. Y como pasó con ellos, eso de ser culé y de hacerle barra al contrario y ver con "la roja" (desde cuando les han empezado a llamar así?) a medio equipo del Barça de titular no dejaba de ser contradictorio.

Como ya se sabe, la fiebre naranja fue a mayor conforme la selección pasaba a la siguiente fase. Y fue como en el tercer o cuarto partido que me di cuenta de algo. En la tele tenemos señal digital, la cual, con todo lo bueno que puede tener, con el servidor que tenemos, tiene un retraso de 4-5 segundos. Algo que puede sonar insignificante, pero que a la hora de ver un partido que todo el vecindario también ve, y en donde muchos de ellos aún tienen señal analógica, era bastante molesto. Ese retraso en la señal significaba que uno veía que justo un momento antes de un centro al área chica, un grupo de gente al lado ya estaba gritando gol, quitándole cualquier emoción que el momento pudo haber tenido. En la final, en que juntamos a toda la familia, decidimos sacrificar imagen por una transmisión sin retrasos. Aunque en este caso ya no hubo ningún gol que festejar. Toca esperar otros 4 años, no sin antes agradecer, eso sí, a la televisión holandesa por ahorrarnos el martirio de oir el bodrio de Shakira en cada transmisión, como sí pasó en otros sitios.

domingo, abril 04, 2010

El agua

A mi ya no me cabe duda alguna. Esta historia de los aeropertos y sus medidas de seguridad para "prevenir ataques terroristas", desde un principio me resultaron absurdas. Y de todas, mi favorita es aquella de los líquidos. Tengo la certeza que bajo esta excusa, la verdadera razón está en obligarte a comprar el líquido elemento dentro del aeropuerto, tal como ocurre al ir a una discoteca o sala de conciertos, donde tampoco te permiten meter botellas con agua, sabiendo que, tarde o temprano te dará sed, y no te quedará otra que comprar lo que ellos ofrecen a "sus" precios.

En nuestro último viaje transatlántico nos tocó descubrirle nuevas facetas a tal peculiar prohibición. Se supone que no te permiten entrar a las salas de espera con más de 100 ml de líquido en un recipiente. Yo, desde hace ya algún tiempo atrás, hacía lo que mucha gente por aquí. Me tomaba el agua hasta que la botella de plástico me quedase medio vacía y luego pasaba sin problemas (los 100 ml aquellos). Luego, una vez dentro, rellenaba la botellita en cuestión con agua del grifo (se supone que el agua del grifo en Holanda ha pasado por un proceso de purificación especial para que sea bebible, o al menos eso dicen). Esta vez, al pasar por el punto de seguridad, un tipo de anteojos con pinta de novato alertó a su colega de ver algo sospechoso dentro de mi mochila, mientras se lo señalaba en la pantalla de su monitor. La guarda, muy oronda ella, cogió la mochila, la abrió y sacó la botellita para móstrármela mientras la balanceaba y me indicaba en inglés que no podía pasar. Yo le respondí en holandés que por qué, que si ahí tenía 100 ml de agua. A lo que ella me replicó que lo importante no era la cantidad de agua, si no la capacidad del recipiente. Así que no pude contener un "You gotta be fucking kidding me!" (esto no sé como decirlo holandés, así que así no más me salió espontáneamente).

Esto fue a la ida. A la vuelta ya sabíamos la historia, así que al pasar los controles del Jorge Chávez (aeropuerto de Lima) procedimos a comprar las botellas dentro, yo calculando los soles que nos quedaban para las mismas, no me pude creer que al preguntar el precio una vez dentro, el dependiente, mientras se mecía salseramente al ritmo de su música, muy sonriente me mostraba la palma de su mano con los 5 dedos abiertos. Como para que nos quede claro "5 soles". Que claro, si se traducen a euros tampoco es que sean muchos, pero que si se toma en cuenta el valor de las mismas en un vendedor ambulante en la calle (1 sol), estamos hablando de 5 veces más! Así que allí se fueron todos nuestros soles, en 2 miserables botellitas. Pero ahí no quedó el asunto. Llegados a Madrid, donde nos tocaba hacer el trasbordo, nos hicieron volver a pasar por controles y, miren ustedes, otra vez el problema de las botellitas. "Pero si las hemos comprado dentro del aeropuerto, antes de embarcarnos!". "A nosotros no nos consta". Así que a tomarse lo que quedaba y a refunfuñar una vez dentro. Malo que bueno, pudo haber sido peor. A una chica que le tocó también hacer el transbordo en Madrid, le quitaron el pisco que también había comprado dentro del aeropuerto (y vaya uno a saber el platal que habrá pagado por el), con el mismo argumento, al que le añadieron que una cosa son los aeropuerto allá y otra los de la Comunidad Europea. Como para no creérselo.

jueves, diciembre 17, 2009

Anders nog iets?

Entre las cosas que me quedaron de mis primeras clases de holandés, casi 2 años atrás, estaban el cómo desenvolverse en una tienda o puesto de mercado. El "Wie is aan de buurt?" (algo así cómo "a quién le toca?" o "y ahora quién viene?") y el "Anders nog iets? ("alguna cosa más?") son preguntas básicas en esa interacción cliente-dependiente. Lo que yo en ese momento no podía imaginar era que me iba a tocar poner en práctica aquella conversa más de lo previsto, al tocarme estar del otro lado del mostrador.

La oportunidad de esta nueva chamba coincidió con mi decisión previa de dejar definitivamente lo de repartidor de correo basura, como ya comenté. El negocio corresponde a Abdul (o Abdoel, aún no sé cómo se escribe), del cual también ya hablé (léase motores II). El susodicho, dejó su trabajo de vendedor de pescado para dedicarse a su pasión, los autos. Pero, de golpe, se encontró con la oferta de un jefe anterior: Que se hiciera cargo de sus dos puestos de venta de frutas y verduras, uno en un mercado bajo techo en Utrecht y otro en una calle comercial de La Haya. Inicialmente se hizo cargo de ambos con la ayuda de la familia (son 4 hermanos). A las pocas semanas de exitoso comienzo, decidió contratar ayuda, y ahí caí yo.

Al principio la cosa no pintaba mal. Le encontré su gracia a esto de la interacción con el cliente, al mismo tiempo que me familiarizaba con las especificaciones de los productos ofrecidos: Lechugas de Almería, Mandarinas de Marruecos, Piñas de Costa Rica, Manzanas Fuji de China (que no so las mismas que las Fuji que todos conocemos, eh?) entre otras gracias. Y, claro, se agradece la consecuenta práctica diaria de la lengua local, que ha llegado a tal punto, que me cuesta cambiar a inglés cada vez que me toca un cliente no holandés. De 1 día de trabajo duro a la semana (9 horas de corrido, de pie, casi sin pausa para comer y constantemente haciendo alguna cosa) rápidamente me extendieron a 3, con lo cual ya podría hacer un nada despreciable sueldillo. Pero la perspectiva se deshizo tan rápido como se formó.

Al parecer el negocio no va bien, a pesar de la dedicación que le mete el jefe (arranca cada día entre las 4 o 5 AM y no para hasta las 8 o 9 PM, incluidos domingos). La clientela ha bajado. Así que me han reducido a los sábados, reducción que además ha derivado también en reasignación de tareas: Cortador de piñas. Qué tan malo puede ser? Cortar unas cuantas puede ser hasta divertido, pero luego de mi última sesión de 140, hace rato que dejó de parecérmelo. A los que no lo conocen, el cortador es un aparato cilíndrico, que remueve rápidamente la piel de la piña, mediante una palanca, para que el consumidor haragán no haga más que abrir la bolsita eventual y metérsela a la boca. En el proceso se pierde buena parte de la pulpa, así que cuando empecé con la gracia trataba de darle curso a los restos, algo que ya dejé de hacer porque, encima de todo, parece que he desarrollado una especie de alergia a la mencionada fruta. Es que hay que ser piña.

miércoles, noviembre 18, 2009

Contracorriente

Hoy finalmente se le cayó la última hoja verde (o más bien amarillenta) que le quedaba al generoso árbol de enfrente de nuestro balcón. El otoño, se entiende. Hacia el medio día decidí ir a la granja de la zona a comprar queso, descartando la comodidad de hacerlo en auto. Así que, montado en la bici, me dediqué a rodear el lago vecino y enfrentar al amenazante viento, que me impedía avanzar en línea recta, empujándome constantemente a salirme de la vía. Pero sobreviví al efecto cometa y volví de la aventura sano y salvo, por más que a la vuelta me equivoqué de ruta y acabé en otro pueblo.

El fuerte viento (además de las lluvias, o la combinación de los mismos) es asunto frecuente en estas latitudes, como ya se sabe. Tal vez por eso a un señor de por aquí se le ocurrió hace casi una década la invención de una turbina generadora de electricidad de uso "doméstico" (ver video), aparato que ha ido evolucionando con el tiempo, y ha empezado a verse incluso fuera de los Países Bajos. Justamente a través de la empresa española que promueve, difunde e instala el Turby (que así se llama), me salió un primer cachuelo como intérprete entre los peninsulares y el inventor (inglés-español, que mi holandés ha mejorado - con decirles que en nuestra reciente corta estancia en Barcelona se me salían los "bedankt" y "alstublieft" ya de manera inconsciente - pero tampoco tanto), que ahora ha derivado en uno segundo de traductor de textos, y que, además, me empujó a dejar de una vez por toda esto de ser repartidor de correo basura (porque cartero no era), y que, por último, coincidiera en tiempos con mis primeros pininos como vendedor de fruta. Labor que ya me ocupara un respectivo post. Por lo pronto, a seguir lidiando con el vendaval.

lunes, octubre 12, 2009

Fox in the sand


Cuando andábamos aún en pleno verano, aprevechando una supuesta oferta de 3 noches gratuitas en un hotel de nuestra elección (digo supuesta porque sólo se podía elegir entre una lista reducida de hoteles y lo que no se pagaba por alojamiento te lo clavaban en las comidas, que uno está obligado a consumir en el hotel, y al final el gasto era casi el mismo), decidimos hacer un corto viaje hacia una de las islas situadas al norte del país, Vlieland. Simpático lugar, rodeado de dunas y pastizales, en donde uno solo se puede movilizar en bici (uno, es decir, el turista, los lugareños están bastante motorizados). Y la pasamos bien, a nuestra manera, a pesar de un clima poco amable (verano "a la holandesa", se entiende).

Estando allí, una de las curiosidades que nos llamó la atención fue un problema que había llevado a las cámaras de la televisión nacional a reportar in situ. Desde hacía un par de meses se había detectado un grupo reducido de zorros (según investigaciones, una pareja y sus 2 crías) que se habían dado maña para atragantarse de aves marinas (gaviotas, cormoranes y garzas, en buena parte), en especial de sus respectivos huevos, habiendo reducido la población de los mismos en un alarmante 80%, según datos oficiales. Y claro, la pregunta que rodeaba todo esto era el saber cómo llegaron los zorros ahí, porque no es una especie natural de la isla, siendo poco probable además que los animales hayan llegado nadando. Así que la única conclusión era que a alguien se le había ocurrido la gran idea de traerlos por barco y dejarlos sueltos a sus anchas.

Es en esa instancia que las autoridades isleñas alertaban del peligro a todo visitante, además de haberse puestos manos a la obra para la solución de aquel inconveniente ¿Cómo? Pues lo más fácil, rápido y barato, dando caza a los incómodos depredadores, con lo cual ya habían logrado cargarse a las 2 crías y lo último que supe era que estaban todavía detrás de los escurridizos progenitores. Los 2 zorros muertos los habían enviado a congelar, para hacer una posterior revisión de ADN y demás historias para llegar a algún indicio de la causa por la que los animales llegaron allí. Y bueno, yo me pregunto: ¿Había que cazarlos directamente? ¿Y qué fue de aquello de capturarlos (mediante trampas o dardos somníferos), para luego estudiar lo que tengan que estudiar y devolverlos a su habitat natural? ¿O será que he visto demasiado Animal Planet, digo yo?

lunes, agosto 10, 2009

El poroto


Lo conocí cuando tenía algo más de 1 mes de nacido. Con Mariana nos fuimos al albergue de animales con la intención de adoptar 2 gatitos. Una hembra y un macho. Nos llevaron a un cuarto en donde estaban todos los felinos. Eran como 40, de todas las edades, colores y tamaños. No tardamos mucho en identificar a la que sería más tarde Zaha. Una gatita gris con el pecho blanco. La más pintona del lugar. La misma tenía un hermano, de color blanco, que no paraba de maullar y de colgarse de las cortinas. Lo dimos por descartado. Mi hermana fue ipso facto a coger uno más bien crecidito, de manchas, oscuro y poco agraciado. A mi pregunta de por qué lo había elegido, ella me replicó: "Es que me da pena! Nadie lo va a querer adoptar!". Su argumento no me convenció, así que seguí con la búsqueda del acompañante de Zaha.

Proseguí, de rodillas, en examinar a los posibles candidatos que tenía a mi alrededor. No tardé en percatarme que había uno que se subía por mi espalda hasta llegar a mis hombros. Me lo saqué de encima. Al poco rato, el bicho repitió la misma operación. Lo miré con más atención, estaba casi en los huesos y con los ojitos a medio abrir. Ya estaba decidido. El gato me había elegido a mi. Nos lo dieron en adopción haciendo una excepción, ya que el minino estaba enfermo y, en esas circunstancias, no entraba dentro de los animales "disponibles". Sus ojos achinados me hicieron pensar en un nombre de la misma procedencia. Así salió Mao.

Mao se recuperó más rápido de lo previsto y no tardó en engordar y ganar tamaño, aunque bastante más lento y torpe que la avispada Zaha. Ella fue la primera en subirse a las paredes y, desde allí, a los techos de los vecinos, así como, poco más tarde, la primera en salir a la calle, cruzar al parque y vaya uno a saber qué otros lugares. Mao la seguía, pero siempre dubitativo y con mucha cautela.

Tendrían alrededor de 2 años, cuando un día Zaha no volvió de sus acostumbradas rondas nocturnas. Los habíamos operado a los dos, con la esperanza de que esto evitase que, como consecuencia del celo, se extraviaran, como ya nos había ocurrido con anteriores mascotas. Lima nunca ha sido una ciudad amistosa hacia los felinos. Operada y todo Zaha igual salía de juerga. Así que, como pasaban los días y la gata no daba señales de vida, empezamos a pensar lo peor. Más no en adivinar que a la semana sería Mao el que desaparecería. Recuerdo en ese momento como aquello me afectó. No recordaba haber tenido un gato antes que estuviera tan apegado a mi. Que me siguiera a la puerta cuando me iba o que me fuese a recibir, casi siempre desde la calle, cuando llegaba. O que viniese corriendo de donde estuviese cuando yo lo llamase: "Ven!". Felizmente, a los pocos días Mao volvió, magullado y con uñas quebradas. El veterinario luego nos diría que tenía visibles signos de haber sido golpeado. Vaya uno a saber quien o quienes habrán sido los malnacidos. Meses más tarde, casi como por milagro, reaparecería también Zaha, flaquísima, pero saludable. Aunque su regreso fuera, como lo sabríamos más adelante, solo un breve reencuentro. Zaha moriría atropellada al frente de la casa, por alguno que, por supuesto, no se dignó a parar o avisar.

Cuando me fui finalmente a Barcelona, hace 5 años, mi madre se quedó a cargo de mi minino. No hace mucho tiempo atrás ella me había contado que el gato tenía problemas para orinar, el mismo ocasionado por cristales que habría acumulado en la vejiga. Esto al parecer también ocasionado por el tipo de comida que consumía, que no era la más apropiada para un gato esterilizado. Le recetaron unas pastillas que el bicho nunca quiso tragar. Y, bueno, el asunto este parecía ser un problema que iba y venía, no algo constante. Hace unos pocos días Mao empeoró. El veterinario dijo que los cristales se le habían acumulado hasta formar una bola y que tendríamos que operarlo, pero que no había la urgencia de hacerlo de inmediato. Se equivocó. Mao dejó de existir ayer, a la edad de 9 años.

viernes, julio 10, 2009

La nube gris

Suele ser común aquí tener una calcomanía pegada sobre el buzón de correos, en donde se indica si no se quiere recibir publicidad sin destinatario. Como comenté en el post anterior, la mayor parte de lo que reparto es propaganda, pero siempre con destinatario. Esto es, dirigida a clientes de tal o cual tienda que consciente o inconscientemente accedieron a ser bombardeados constantemente por catálogos, promociones, etcétera.

El otro día iba yo tratando de mentalizarme con aquello de tratar de verle el lado positivo a esto de repartir basura, cuando un sujeto, mientras andaba al lado de otro similar, se puso a inspeccionarme mientras iba en la bici. Seguidamente no dudó en espetarme: "Deberías aprender holandés". Bajé la velocidad, me volteé y le repliqué "perdón?". "En mi buzón dice bien claro que no quiero propaganda sin destinatario!" OK. Me pongo en el lugar del personaje en cuestión. Está harto de recibir correo publicitario en su buzón y al ver a un tipo en una bici, sin uniforme, con unos canastos en la bici de una empresa que jamás ha oído y que además tiene pinta de extranjero, llega a la fácil conclusión: He ahí el culpable. Yo, por mi parte, mientras mascullaba una réplica, seguí mi ruta e hice al final tal vez lo mejor en estos casos. No responder.

Personas como esta ya me he cruzado más de una vez. Y yo también he llegado a mis rápidas conclusiones: Han de ser votantes del PVV. Este "Partido por la libertad" es el que encabeza un tal Geert Wilders (foto), quien acapararía cierta fama el año pasado gracias un film anti-Islam que nunca se llegó a estrenar. Su desprecio hacia los musulmanes, es extensible también hacia el resto de inmigrantes, a quienes no duda en culpar de los males de este país.

Este tipo no pasaría de la anécdota, si no fuera porque en la últimas elecciones del parlamento europeo, su partido terminase siendo el segundo más votado. Lo cual, tampoco significa que esta sociedad se esté volviendo más racista e intolerante. La supuesta victoria de esta gente, se debe más bien a la alta abstención (casi el 50%), así como al voto de castigo hacia los partidos tradicionales, a quienes mucha gente atribuye la culpa de la situación económica actual. De la misma forma que el PVV subió de 0 a 4 representantes, lo hicieron también otros partidos "menores" como Los Verdes (de 1 a 3), por los que votamos nosotros. Pero bueno, tampoco vale alarmarse tanto, porque el PVV no tiene aliados en el parlamento y poca cosa hará en virtud de sus cuestionables objetivos. El problema viene a futuro, cuando toque votar por el primer ministro. He oído a más de uno que no duda en mencionar a Wilders como posible sucesor de Balkenende. Algo que tal vez no sea tan aventurado de pensar, sobre todo si se mantiene la abstención, como las de mi cuñada y concuñado, musulmanes practicantes.

miércoles, mayo 20, 2009

El cartero llama 2 veces

"Fácil la hago". Me dije luego de varios meses de buscar chamba en "mi rubro" y no salirme nada. Ya iba siendo hora de ampliar la mira y ver cachuelos alternativos. Y una de las primeras cosas que pensé (luego de la utópica idea de trabajar en una tienda de discos) fue en hacer de cartero. Me provocaba algo que no implicase sentarse varias horas delante de una pantalla. Intenté primero con TNT , que es la mayor empresa y la responsable de todo el correo "normal" (léanse cartas, postales y encomiendas varias) y no hubo suerte. Luego alguien me dateó que con esto de la crisis a esta empresa no le va muy bien y ya han tenido varios casos de despidos. Es así que ha salido la competencia a cubrir algunos rubros de la correspondencia. En el caso de la zona por donde me muevo (Zuid Holland, entiéndase La Haya, Rotterdam y alrededores) es el caso de SANDD. Pero en la ciudad en la que vivo no operan directamente. Más bien lo hacen a través de una subcontrata, Stadpost Zoetermeer, que es a donde me derivaron y en donde rápidamente me contactaron y me contrataron para arrancar ipsofacto.

En lo que respecta al trabajo en sí, en teoría son 2 días a la semana los que toca repartir. Pero a esto hay que añadirle 1 o 2 más para dedicarle al conteo y selección de lo entregado. O sea que al final son entre 16 y 18 horas semanales. Eso si, la paga es de risa. Si no fuera porque el trabajo en sí no me desagrada, que es por aquí cerca y que lo hago en la bici, no lo haría. Esto a pesar de que el 95% de las cosas que entrego sean correo basura. Y que cada que tengo que ir a recoger el bulto me siga costando comunicarme en holandés con el personal de turno, en especial con un anciano que parece salido de los Soprano, con anillos, cadenas de oro y demás accesorios. Y que la empresa esta sea medio despelote, al estilo español, y que más bien parezca ser un negocio matriarcal-familiar, con un sistema de contratación que está en los límites de la legalidad. Y que mis colegas repartidores (habré visto a 3) sean jubilados que hacen la chamba (en auto) porque se aburren, además de aumentarle unos reales a lo que cobran por jubilación (que no ha de ser poco). Así que de momento limito mis amistades laborales a los gatos del vecindario, que no son pocos. No así con los canes, aunque eso ya se sobreentienda.

Por otro lado, las casas y sus buzones a las que me enfrento a diario son una historia aparte. En su gran mayoría, los holandeses no son partidarios a tener el buzón al pie de la calle. Lo cual fuerza al ocasional cartero a meterse hasta el portal a través de vallas, cruzando por caminitos muchas veces sinuosos (es increíble la cantidad de chucherías que le pueden meter a un espacio exterior de 2x2!), y repetir el mismo repertorio en la siguiente. Esto por no mencionar a los graciosos que ponen el buzón a la altura de la pantorrilla. O a los que les dio por poner buzones atrapa-dedos. O a los que lo ponen en en el costado opuesto del acceso. Eso sí, felizmente que he empezado con la gracia en primavera y hasta ahora el oscilante clima de la región ha sido benévolo conmigo. Así que, por esta vez, hasta aquí llegan mis quejas.

miércoles, febrero 11, 2009

Antes y después

No estaba en mis planes, la verdad. Pero una vez aquí y luego de revisar diariamente los avisos de trabajo de oficinas de Arquitectura, me tope con uno, tal vez el único, que lo hacía en inglés. Así que por ese motivo, aparte de mi afinidad con el trabajo de la oficina (se sobreentiende), me animé a postular a OMA, aunque con poco convencimiento. La razón principal: el ritmo de trabajo con tintes explotadores que de allí deducía. Tal vez si tuviera menos años y achaques a cuestas, este sería un tema menor.

Mi afición musical me llevaba ( y lo sigue haciendo) por Rotterdam en distintas ocasiones para ver algún concierto y la estación donde me bajaba (Hofplein) se sitúa justo al lado de la oficina en cuestión. No importaba la hora que fuera, tarde-noche, media noche o el día (fines de semana incluidos) siempre había luces encendidas y gente dentro del galpón aquel trabajando. Más adelante oiría historias al respecto. Como la de un tipo que luego de pasarse la noche en vela para terminar una entrega, deshecho, volvía a su piso a recuperar horas de sueño y ni bien introducía la llave en la puerta de acceso, le llamaban al móvil urgente para que vuelva a la oficina a ayudar en otro proyecto. O la de aquel otro que amaneciéndose en una maqueta que se tenía que llevar a una exposición al día siguiente, se voló un dedo con la cierra eléctrica y lo tuvieron que llevar de urgencias al hospital. A la mañana siguiente Mr. Rem se aparecía preguntando por su maqueta y al oir el relato del incoveniente surgido, con cara de preocupación, le preguntaba a su interlocutor nuevamente por su maqueta. Y de ese estilo debe de haber muchas.

El caso es que OMA se ha ido expandiendo con el tiempo. A su oficina en Nueva York le han sumado hace poco otra en Beijing y amenaza en caer otra en Dubai. Se adivinan estos dos últimos lugares idílicos, no solo por lo de presupuestos abultados si no, además, por las libertades que un arquitecto pueda tener para diseñar. Es justamente en Beijing donde Koolhaas debería inaugurar este año su edificio icono, el complejo CCTV (televisión estatal china), el mismo de la foto, el mismo que alguna le puso por ahí "the big vagina". Con lo contento que debe haber estado el Mr. de como le estaba quedando el bicho y van unos y se lo queman.

Les contaba que había postulado. Me dijeron que no. Y hace poco lo he hecho de nuevo. Esta vez la negativa la doy por tácita. Y no, no he sido yo quien le ha incendiado el kiosko. Lo juro.

martes, febrero 03, 2009

No te envicies


Corría el verano de 1987. Mucho calor y poco qué hacer en la cosmopolita Stillwater, Oklahoma. Mi padre me mandaba a diario obligado a la Biblioteca Pública, a ver si de alguna forma me inculcaba la pasión por la lectura que el tenía (y tiene), y que yo tardaría algunos años en tener (si acaso se pueda decir que ahora la tenga).

El caso es que a mis tempranos 14 añitos, yo decía ir a la biblioteca, pero cambiaba la ruta montado en mi bici de un solo cambio hacia el Wall Mart, para plantarme frente al gratis de usar Nintendo allí instalado, a esperar mi turno tras críos menores de 10. O, en su defecto, hacia el Pinball (local de videojuegos), sin un dólar en el bolsillo, a esperar que algún mocoso ingenuo meta sus monedas y no encuentre nunca el botón de "start" o, aunque sea, esperar que alguien haga algún record y olvide poner sus iniciales, para yo luego apropiarme de su logro. Otras veces me la pasaba buscando por el suelo alguna ficha extraviada, mientras soportaba el "Living on a prayer" del aborrecible Bon Jovi sonar una y otra vez en el video jukebox. Recuerdo alguna vez incluso ser interrogado por una "amigable" trabajadora del lugar en cuestión: "Do you have any money to play with?"..."No? Then you have to leave."

Antes y después de aquella temporada que pasé en Gringolandia, Ataris, Nintendos y similares pasaron frente a mis ojos durante mi adolescencia corta de recursos. Muchos años más tarde, poco antes de enrumbar a las europas, una forma de desquite fue agenciarme el Playstation en su primera versión (cuando ya estaba la segunda en el mercado), artefacto que dejé atrás en manos de mi hermana Lucía cuando crucé el charco. Un último capítulo de mi afición por los videojuegos lo he firmado hace poco, con la adquisición del XBOX 360 en una oferta navideña. Y tengo que admitir que estoy contento con el bicho, a pesar de que pertenezca al emporio Bill Gates. A la vejez, viruela, como me diría mi sobrino Puigróss.

domingo, setiembre 07, 2008

El desquite

Tendría que remontarme a algo más de 20 años atrás. Con escasos 13 a cuestas me fui a los Estados Unidos, para ser exactos, a la ultra conservadora y granjera Oklahoma (basta ver el apabullante apoyo republicano que existe por ahí, mayor que cualquier otro estado de la región). Aunque hay que decir que gracias al haberme mudado a una ciudad tan ignota como Stillwater, donde la población inmigrante era ínfima, me permitió aprender la lengua con gran rapidez, la que he mantenido a través del tiempo y que ahora me sirve para defenderme en el medio holandés.

Y, con el idioma, me vino por añadido la afición al beisbol, un deporte que a ojos de quien no está acostumbrado puede parecer soberanamente aburrido, pero a quien escribe cautivó casi desde un inicio. Tanto que hasta me puse a coleccionar tarjetas de jugadores y todo. Así y no sin artimañas tercermundistas, me hice de un guante y un bate (que aún conservo) y me limité a jugar con mis amigos del barrio, de entre 6 y 8 años menores que yo. Abusivo, dirían algunos.

De vuelta a la patria, gracias a la vara (enchufe, palanca) materna, pude conseguir entrenar junto con la selección nacional y así practicar el deporte del palito y la bolita (como lo llamaba despectivamente el padre de uno de mis amiguitos argentinos en USA). El equipo estaba compuesto en un 98% por nikeis (hijos de japoneses nacidos en Perú) que parecían haber nacido con un bate bajo el brazo, la mayoría bastante pedante y poco dados a esforzarse en los entrenamientos. Es por eso que nuestro entrenador (presumiblemente cubano) me solía poner de ejemplo ante el resto: "Deberían aprender de él... No sabe jugar, pero se esfuerza!". Derrochaba dulzura, el hombre. No duré mucho. Luego de 2 o 3 meses desistí y dejé de aparecer por La Videna.

Con el traslado a las Europas, me traje mis complementos con la esperanza de volver a jugar, algo que en Barcelona solo cumplí a medias, al limitarme solo a hacerlo con 3 o 4 amigos muy de vez en cuando. Una vez en Holanda, cuando ya mirábamos a Zoetermeer como una muy posible ciudad de residencia para nuestra primera etapa, al revisar el mapa por primera vez, noté ipso facto el terreno en forma de diamante en la zona este de la misma. Campo de beisbol, equipo de beisbol, algo bueno saldrá de mudarse allí.

Y así recalé en los Zoetermeer Birds, con un uniforme sospechosamente parecido al de los Mets de Nueva York, en el segundo equipo, que juega en la quinta división de la zona Rotterdam, con un desastroso record de temporada de 1 ganado y todos los demás perdidos, compartiendo fondo de tabla con otro equipo. Y en la banca, pero viendo como poco a poco, conforme pasa el tiempo, vamos mejorando la técnica de bateo, que siempre fue mi punto débil. Y de paso la satisfacción de al fin jugar al honkbal (que así le llaman aquí) con regularidad, aunque en días lluviosos o de amenaza de lluvia como hoy (que por aquí abundan), nos suspendan los partidos y nos arruinen la agenda.

viernes, agosto 08, 2008

Motores II

Abdoel sabe de autos. Por varios años trabajó de mecánico, para luego dejarlo y dedicarse a la venta de pescado en el mercado de La Haya, actividad que, aunque no lo parezca, le reporta ingresos superiores a los que hacía con el otro oficio. Igualmente me confiesa que una vez tenga el suficiente dinero ahorrado piensa abrir su propio taller, ya que los motores siguen siendo su pasión.

No hace mucho, luego de darle muchas vueltas al asunto, decidimos que era hora de agenciarnos cuatro ruedas, algo que antes y poco después de la mudanza no pasaba por mi mente como prioridad. Pero, una vez incorporado al mundo laboral, y luego de tragarme meses de traslados a Rotterdam, pensamos que ya era hora de mandarnos. Y allí entró Abdoel, que además es hermano de Mohammed, mi concuñado. Se dedicó a rastrear avisos de autos de segunda y al final dio con el auto de la foto, que se ajustaba además a lo que teníamos en mente. Un Opel Corsa en buen estado, léase, auto compacto (para que Roos no se queje de problemas para cuadrar) y ahorrador en gas. Y buena pinta, claro (aunque esto sea subjetivo, ya se sabe).

El día previamente acordado enrumbé con los dos hermanos a encontrarnos con el dealer en cuestión en Lisse, pequeña ciudad al norte de Leiden. Al dar con la dirección señalada nos topamos con un vulgar edificio de apartamentos en una calle estrecha y ningún taller. Poco después aparecería un tipo que salía de un Fiat amarillo chillón, vestido de bermudas de colores, camisa rosada y gafas de sol enormes, con su pelo largo rubio al pomo alborotado indicándonos en tono enérgico que lo siguiéramos, que el taller con el auto lo tenía en otro lado. Junto a nosotros había una pareja también interesados en otro carro, que completaron la caravana.

Así llegamos a Katwijk, población costera al norte de La Haya, donde pululan chibolos surfers coqueros (según Mo). La estrategia de Abdoel era pretender que él fuese el comprador y así poder conseguir un buen precio del peculiar vendedor. Incluso me indicó algunos signos o gestos que le servirían a él si me gustaba o no el armatoste, sin que la cosa sea obvia. Algo que al final la verdad que poco importó y, más bien, nos hizo demorar y no alcanzar a tiempo ir a una oficina postal a cambiar el título de propiedad (porque así es como se hace en Holanda) y forzarnos a volver al día siguiente a entregar papeles (que al final serían más de la cuenta) y regresar conduciendo el bólido a casa.

Asimilados a estas alturas los gastos de seguro e impuestos (duelen), solo nos queda hacer la prueba real, cuando este lunes reanude el ciclo laboral y empiece a hacer el trayecto diario, que incluirá estacionar el vehículo en la isla del frente de la oficina y desde allí coger la bici plegable para el último tramo. Y ver si realmente vale la pena el cambio de transporte. Por lo menos mecánico ya tenemos.

miércoles, julio 16, 2008

Nina, la exploradora

"Cuando Fleurtje quede preñada les damos una de sus crías." Yo miraba a la minúscula y juguetona gatita de nuestros vecinos y veía poco probable que tan chiquita ya anduviese en esas lides. El tiempo probaría que estaba en un error. Justo unos días antes de irme de corto viaje a la ciudad que hasta no hace mucho fue mi residencia (o sea, hace algo más de un mes) parió 4 engendros. Fuimos los primeros en ir y los primeros en elegir: el más oscurito, macho, menos dependiente y menos llorón. Bueno, eso en realidad lo fuimos comprobando conforme pasaban las semanas.

Hacía tiempo que teníamos ganas de minino, eso está claro. En Barcelona no se pudo porque, en teoría, en el edificio en el que vivíamos no se permitían mascotas. Digo en teoría porque más de una vez me topé con un vecino paseando a su cachorro y otras veces sentía los ladridos enfurecidos de uno de esos perros chiquitos ladillas a través de la puerta de otro vecino.

Ahora es otra historia. En unos días, Walter llegará para quedarse.

Fé de erratas: Por aquello de no revisar la mercadería con tiempo, no ha sido hasta ayer que, con la primera visita al veterinario, descubrimos que Walter no era tal. Ahora es Nina y ya es un poco tarde para devolverla.

sábado, mayo 17, 2008

Los animalitos


Mis problemas de sueño comenzaron en Lima algunos años atrás. Aunque ahora éste sea un asunto que tengo algo más controlado, el mío siendo un sueño superficial, que al menor ruido se ve roto súbitamente. En aquellas noches del frío húmedo limeño, mis horas de insomnio coincidían con ruidos varios del exterior, con las alarmas y los claxons por delante. Pero, otras veces, con los ladridos de un horrible y viejo perro que pasaba todo el tiempo encerrado en una lúgubre casa en una calle lateral del parque, cuyos dueños eran una señora mayor y su hijo con discapacidad mental. Alguna noche no pude más y me puse a tocarles el timbre sin encontrar otra respuesta que los ladridos más desesperados del can en cuestión. Otro día que alcancé a ver a la dueña le comenté mi malestar, al que ella respondió, mirándome con cara atónita: ¿Mi perro? ¿Ladrando a las 3 de la mañana? ¡Nunca! Lo debe haber imaginado. Unicamente acercada la madrugada es que al fin podía recobrar el sueño perdido, solo para ser nuevamente interrumpido cerca de las 6 por el graznido seco y constante de un pajarito minúsculo que se posaba en los cables de luz que colgaban frente a la ventana de mi entonces dormitorio.

Pasarían algunos meses hasta que Lucy me desentrañara el misterio del pájaro del demonio aquel. El ave no era otra que el chiwako, muy común en la Sierra, y que suele emitir tal graznido cuando advierte en las cercanías la presencia de un depredador. En los andes, un puma o un zorro. En el techo de mi casa, mi gato Mao. Fue así que descubría la forma de hacer callar al insoportable bicho, meter a mi querido felino a casa antes de tiempo.

Aquí en Holanda y en especial en una zona como Zoetermeer, a medio camino entre el suburbio y la ciudad de pequeña escala, una (otra) de las cosas que me causó gracia es no solo la abundante vegetación circundante, sino también la presencia de animales variopintos. Desde las granjas cercanas con sus vacas, ovejas o cabras, pasando por algunos más exóticos sueltos en plaza, como cisnes y hasta algún pavo real, llegando a los verdaderos reyes de toda zona con acequias, perdón, canales: los patos salvajes. Todo muy simpático hasta que la otra noche uno de estos palmípedos se puso a lanzar unos incesantes cuacks, repetidos cual eco por los patos vecinos, que casi no pararon hasta el amanecer. Entre sueños me imaginaba un lago congelado y al animal atrapado clamando auxilio. Me suelen caer bien los animalitos, pero esa noche bien que me dieron ganas de tener una escopeta.

domingo, abril 06, 2008

Reciclaje industrial

Al final tuve que poner el listón más bajo. Por más experimentado y casi veterano que a veces pueda sentirme, en este nuevo medio casi podríamos decir que andamos en pañales. Así que las expectativas fueron bajando conforme el tiempo pasaba y nada salía. Project leader, asistant designer, arquitecto junior, delineante, subcontratado y cuando pensaba que más bajo no caería, practicante (léase becario, trainee, principiante, chuli). Todo sea por aquello de pagar derecho de piso. Y por empezar ya con lo que fuere, en vez de cruzarme de brazos hasta que caiga algo sustancioso.

Es así que, dentro de los límites del puesto en el que estoy, existen también algunas ventajas. Estoy aprendiendo de a poquitos a usar la Mac y el Vectorworks (aunque no me gustan ni uno ni otro), mis contratantes me están además pagando clases de holandés y para coronar el asunto, unas semanas atrás nos fuimos de excursión arquitectónica a tierras germanas.

Essen y Colonia fueron los objetivos, aunque la travesía tuviera un preludio en la estación de tren de Arnhem, obra de UNStudio, que, aunque aún sin concluir, promete bastante. Essen como ciudad más bien carece de gracia, así que enrumbamos rápido hacia el norte. El motivo era visitar el complejo fabril Zollverein, alguna vez dedicado al carbón y que dejó de funcionar hace varios años, ahora en proceso de reconversión en centro cultural y de esparcimiento, un fenómeno que se está extendiendo en tantas otras zonas del oeste de Alemania. Así empezamos en el cubo perforado creación de Sanaa (aka, Kazuyo Sejima + Ryue Nishizawa), o la escuela de diseño. Aparte de lo que se puede ver por fuera, con esa distorsión de niveles que los vanos aleatorios (a ver quien me dice cuantos pisos hay dentro?), por dentro los corredores son circundantes, dejando los espacios al medio. Espacios diáfanos y a veces monumentales, solo interrumpidos por un par de columnas poco agraciadas que ayudan a salvar la luz. Nos queda la última gracia en la azotea, en donde el techo de la misma conforma la quinta cara del cubo, dejando un espacio abierto con peculiar juego de sombras, que se disfrutaría mejor en verano.

En cuanto a la ruina fabril en sí, pasamos por la irónicamente llamada "Torre Eiffel" por los lugareños, en el que fuera el acceso del personal al recinto, de una geometría tan precisa como monótona ("form follows function" era la premisa de aquel entonces), apurando el paso hacia el enorme edificio que acogerá las salas de exposición, la otrora planta de refinamiento de carbón, obra de remodelación a cargo de OMA (aka Rem Koolhaas). El trayecto empieza desde arriba y luego a tientas entre los inconclusos y oscuros espacios en el vientre del monstruo. Por lo pronto el naranja neón de las escaleras interiores le dan un insospechado toque psicodélico. Como para repetir la visita cuando la cosa esté sobre ruedas.



Terminado el baño de herencia histórica (de alguna manera), nos quedaba la última visita, esta vez en Colonia, un poco más al Sur y el motivo el nuevo museo de Peter Zumthor. En la línea de lo que ya me comentaba uno de mis colegas en la oficina, fan incondiscional del suizo, la arquitectura de este hombre hay que experimentarla para entenderla mejor. Podría haberme quedado una eternidad en aquel espacio de doble altura, luz cenital y los cuadros de cartón de Chillida en frente.

Mientras nos sobraba tiempo entre que nos reuníamos con el resto del grupo y la hora de la cena, terminamos dentro de la famosa catedral gótica que motiva el viaje de varios turistas. Una vez dentro, luego de que una señora de morado y seño fruncido me indicase de malas maneras que me quitara el gorro, comprobé una vez más lo poco que me dicen estos opresivos interiores eclesiásticos.

miércoles, enero 30, 2008

Marcando tarjeta

Los que ya me conocen sabrán que para mi el tema del transporte público es algo que me interesa desde hace tiempo. Tal vez a raiz del nefasto combi-sistema que funciona en mi ciudad natal. Tanto así que hasta tema de tesis fue en el Master que nunca terminé cuando aún andaba por Barcelona.

Es así que tiempo antes de mudarme a los Paises Bajos y cuando iba a éstos solo de visita, encontré bastante peculiar el método utilizado para pagar los viajes en tranvía. Uno tenía que cargar con una tira larga de papel azul con espacios rectangulares en blanco e introducirla en unas maquinitas (similares a las que uno usa o usaba -a mi me tocó alguna vez- en algunas oficinas, de preferencia estatales, marcando sus horarios de entrada y salida), calculando previamente el número de zonas que iba a atravesar en su trayecto, para así darle el doblez en la línea divisoria entre los espacios ya mencionados que correspondan, siempre uno más que el de zonas a recorrer (2 zonas=3 espacios, 4=5 y así) ¿Complicado? Ya mudado aquí logré de alguna forma adecuarme y descubrir al mismo tiempo el novísimo y modernísmo sistema, destinado a dejar la tira de marras como elemento de museo: la OV-chipkaart.

En teoría más simple, el nuevo dispositivo funciona como una tarjeta de débito, consta de un chip, que al pasarse por un lector, ubicado ya sea dentro del convoy o a pie de las estaciones, automáticamente se descuenta la cantidad de dinero correspondiente a la ruta a seguir. Pero como en Holanda las tarifas pueden variar bastante entre una parada y la otra, uno tiene que pasar la tarjeta al subirse y al bajarse del tranvía. El asunto es que hasta ahora el sistema sigue en periodo de prueba (solo funciona en Rotterdam y en el metro de superficie que lo une con La Haya) y está siendo objeto de duras críticas. Por un lado, lo de pasar la tarjeta al bajarse. Si uno anda apurado o distraido (heme aquí) lo más probable es que se olvide y en ese caso le tocará la gracia de pagar como si hubiera hecho el trayecto de un extremo al otro del recorrido total. Por otro lado, también se ha hablado de la invasión de la privacidad, al quedar registradas las salidas y llegadas que uno hace a diario mientras se mueve por la ciudad, pudiendo usarse esto vaya uno a saber con qué fines.

Pero lo peor de todo es que hace muy poco unos estudiantes de informática demostraron ante cámaras lo fácil que era crackearles el sistema y poner dinero virtual en la misma por cualquier cantidad. Así que ahora se rumorea que seguro el ministerio tendrá que dar marcha atrás y tal vez hasta retirar las sofisticadas tarjetitas y lectores de circulación. No queda otra que resignarse a seguir usando la tira de papel que siempre se me hace un enrollado en el bolsillo.

jueves, enero 03, 2008

Sweet Lake City


Nos mudamos, al fin y al cabo. 2 meses y medio arrimados con los suegros fueron suficientes y, sin planearlo con mucha antelación, hemos terminado en Zoetermeer, que hasta no hace mucho antes de decidir la partida hacia los Países Bajos, el que escribe no sabía ni que existía. Y resulta que la ciudad en cuestión (cuya traducción sería "lago dulce", que ahora se llama Noord Aa y que en la actualidad se ha reducido a una lagunita y no, todavía no lo pruebo) tiene al menos unos 1000 años de existencia. Primero como un pueblito medieval de pescadores y granjeros y en los más recientes 60s en una alternativa de vivienda para la gente que trabajaba en La Haya, de la cual queda a una distancia relativamente corta. Y desde allí ha ido creciendo hasta lo que es hoy, que alguna gente llama "The Dutch Silicon Valley", por la importancia que la informática al parecer tiene por aquí. Hasta aquí el plaje de la Viky (aka, wikipedia).

Para mi, lo primero que me viene a la mente es el estrambótico puente peatonal de sección abovedada, que más bien parece un corredor interespacial y que está situado al lado de la estación de tren. Luego, que las calles son casi todas serpenteantes y en anillos. Se nota que el urbanista se debe haber divertido de lo lindo dibujando con sus serchas y compases. Para quien no es de aquí, fácil perderse si no hay mapa. Aún me falta recorrerlo un poco más, pero lo visto hasta ahora no me desagrada. Y es tranquilo, algo que en esta etapa de mi vida ocupa una importancia que antes no hubiera pensado.

Pero ahí no acaba la gracia. Nos hemos mudado a un Centraal Wonen, que en pocas palabras es un lugar de vida en comunidad. Por más que en el edificio están los departamentos separados, como en cualquier otra finca común y silvestre, aquí se establecen comités y se espera de los inquilinos una participación activa para con la vecindad. Cosas como limpieza, jardinería y hasta cocina, ya que tienen un bar-comedor que se usa con cierta frecuencia. Y las responsabilidades se van rotando. Entonces, por más que ni nosotros mismos estábamos convencidos de la opción, la comunidad (secta, dirán otros) nos sometió a un par de reuniones-interrogatorios en donde se aseguraban que nosotros éramos idóneos para formar parte del grupo, en los que no nos quedó otra que demostrar entusiasmo desbordado y soltar algunas mentirillas como que nos encanta la idea de la vida en comunidad y que nuestra estancia sería larga. La paradoja está en que nuestra elección fue más guiada por el precio que por lo otro, por más que al final las condiciones terminaron siendo casi las mismas a las que si hubieramos optado por un piso de los "normales". Aquí también tuvimos que lidiar con una inmobiliaria y no, la cosa no fue muy grata. Volviendo a las responsabilidades asumidas, ya me he ofrecido a cocinar algún plato peruano para los (probablemente) 20 o 25 comensales. Algo que jamás he hecho y espero no fracasar en el intento, ya que además me tocará hacerlo al menos 1 vez cada 2 meses. Sobreviviremos?

martes, noviembre 13, 2007

Madrid, Madrid (parte 2)


- Perdoname, vos sos de aquí?
- No

Una señora mayor con las gafas en la punta de la nariz y de mirada cansada recibe la respuesta como un punto a favor, acercándoseme un tanto más y bajando un poco la voz.

- Decime, vos sabés de arquitectura?
- ... (momentos de duda) si (con poca convicción)
- Es que le estoy buscando un libro a mi hijo que es arquitecto, viste? Y no sé si me podrías orientar

En esos momentos ya me había hecho del penúltimo número de la 2G, dedicada íntegramente a la obra de Eduardo Arroyo y no dudé en mostrársela añadiendo:

- Si lo que busca es arquitectura española contemporánea, yo creo que éste es su mejor exponente.

La hojea con desprecio y luego me aclara que ella busca otra cosa, que su hijo lo que hace son remodelaciones de viviendas y cosas similares. Fin de la conversación.

Esto no tuvo lugar en Madrid, si no más bien en la sección de arquitectura de la FNAC del Triangle de Barcelona, y me ocurrió poco antes de viajar. Me hubiera gustado incluir un trabajo de Arroyo en esta sección, pero ocurre que lo poco que tiene construido está en su tierra de origen, el País Vasco, por más que su oficina la tenga en Madrid, que tuve la oportunidad de visitar años atrás, con la excusa de orientación para visitar las obras, cuando yo más bien lo que quería era husmear el laboratorio, bastante reducido y que en su momento no eran más que 2 personas y unas 4 computadoras. Un periplo similar me llevó también a las puertas de Abalos y Herreros, aunque en este caso con cita previa, gracias a las migas hechas por mi antiguo jefe con Iñaki Abalos, una de las cabezas del estudio. Allí la actividad se veía mayor y un muy servicial y atento Iñaki me dio las indicaciones para que me dejasen entrar en la obra de la Biblioteca de Usera, que al final no tuve tiempo de visitar. Hasta ahora.

Antes de ello y casi por casualidad, nos dirigimos hacia el pabellón de gimnasia del Parque Retiro, también de esta gente, que ya en proyecto no me entusiasmaba mucho, en persona tampoco. La mayor gracia del mismo consistía en tener una (o más de una?) cancha de tenis descubierta en el techo del gimnasio. Aparte de eso, la cosa pasaba bastante desapercibida. Bueno, tal vez esa fue la intención. Por cuestión de agenda, la visita a Usera me quedó para el último día de estancia y la impresión en este caso si fue positiva. Con un claro bajo presupuesto, y en un parque donde el público es mayoritariamente de tercera edad (hasta zona de ejercicios tienen), el paralelepípedo encuentra su sitio, serial y limpio, solo roto por los planos de concreto que se abren cual puertas, que por dentro posibilitan las inmejorables vistas desde las salas de lectura. Una lástima que la ruta de su obra no la hubiese podido seguir con la visita a la Plaza de Colmenarejo, bastante más lejos de mis cálculos iniciales.

Como el día tocó de bibliotecas, la siguiente parada fue el Archivo General de Mansilla y Tuñón hermana en racionalidad a la anterior expuesta, pero opuesta en lo que a presupuesto se refiere. Bastaba nomás ver las puertas machihembradas de bordes de acero inoxidable, incluso en los baños. Nota en contra que una mujer-sargento te indique de malas formas que con mochila no se puede entrar. Y una pena poder recorrer únicamente la biblioteca, que es tan solo una parte de un complejo bastante mayor, con ese recubrimiento en u-glass como elemento unificante. Y si de Abalos y Herreros hablaba de lo alejado de Colmenarejo, acá tocará lo propio si hablamos de la Musac. Trasladarse hasta León ya hubiesen sido palabras mayores. Aunque la obra ya de por sí puede justificar un desplazamiento de ese tipo.

Ultimas horas y últimas fotos, con motivo del T4 de Richard Rogers. Si me dicen que elija a alguno de los divos del hight-tech, me quedo con este señor, al que pongo sin dudarlo por encima de Foster y el horrible proyectil que le hizo a Londres, o Renzo Piano y sus despóticas leyes impuestas al que quiera entrar a trabajar con él. El no te paga, tu le tienes que pagar a él por el honor que esto significa. Hecha la aclaración, el de turno es un terminal de aeropuerto como pocos, que ayuda a llevar mejor las esperas. Si miro esto y lo comparo con lo que será el nuevo Terminal Sur de Barcelona, en el cual me tocó trabajar en algo nada arquitectónico, no puedo si no apenarme. Habrá que verlo terminado, es cierto, pero luego de haber visto planos y bocetos, puedo constatar que hoy en día si se ve a Ricardo Bofill al frente de un proyecto, esto será sinónimo de naúseas.

lunes, octubre 22, 2007

Madrid, Madrid (parte 1)

No, ya está claro que no lo iba a hacer. Esta peregrina idea de iniciar un segundo blog, bueno un tercero (si cuento el que tengo compartido) dedicado a mis incursiones en búsqueda de arquitectura contemporánea no iba a prosperar. A duras penas tengo este segundo, que no lo actualizo como debiera. Así que mejor agregarle un tema más al sancochado que aquí mantengo.

Hace poco estuvimos por Madrid, como parte de un corto viaje que también nos llevó por la isla de Mallorca. Viaje que supo un poco a despedida, al coincidir por fecha con mis últimos días en la península. Y me tocó volver a Madrid luego de 5 años, momento en el cual iba de mochilero y esa ciudad me salió de inicio de recorrido. En esa primera y satisfactoria visita pude hacer un primer recorrido de obras recientes, el cual incluyó un par del dúo Sancho y Madridejos, ambos a las afueras de la ciudad, unas piscinas de Mansilla+Tuñón, la estación de Atocha de Moneo y alguna que otra cosa más que no recuerdo.

Esta vez nos instalamos en casa de unos amigos venezolanos ubicada en Las Tablas, en la zona norte, cerca a Alcobendas, a 1 hora en metro del centro, para que se hagan una idea de lo que se ha extendido esta ciudad. Así que el recorrido empezó al día siguiente, luego de un decepcionante vistazo a lo que Jean Nouvel le ha hecho al Reina Sofía. Uno no se explica cómo algo que tenía tan buena pinta en maqueta pueda haber terminado en un producto tan tosco. Nouvel, pues. Pero al menos el moverme por ahí me llevó a toparme de pura casualidad con la que parece ser la obra estrella del dúo Herzog & De Meuron, el nuevo Caixa Forum de Madrid, que por más que no está terminado, ya se puede empezar a saborear. Como se vé, a una construcción antigua le han sacado el zócalo, y le han hecho la estructura de tal forma que el armatoste se sostiene en unos pocos pilares, dando la impresión que todo flota. Y en el remate le han puesto la chapa perforada/oxidada, a manera de imitación formal de los tejados vecinos. Me emociona menos el muro verde que cierra la plaza de acceso, que tal vez tendría más gracia si la vegetación continuase en la explanada. De todas formas el ver el bicho terminado es casi una razón suficiente para volver en un futuro.


La visita arquitectónica continuó un par de días después, ya que en medio nos quedó el viaje a Toledo. Esta vez la meta era visitar el edificio de viviendas de MVRDV en San Chinarro, que parece ser parte de un plan aplicado también en otros distritos "nuevos" de la ciudad, este de traer arquitectos de renombre para el diseño de edificios de protección oficial. Supe, por ejemplo que había otro de Morphosis en Carabanchel, el cual no tuve tiempo de visitar. Así que con ayuda de nuestro guía Chiquilín nos adentramos en la zona norte residencial, que claro, tonto yo, no me había dado cuenta que quedaba a muy corta distancia de donde estábamos alojados. Desembarcamos del autobus al divisar al frente el portal aquel con el agujero al medio, que tanto nos hace acordar a aquel edificio de la palmera y la piscina, obra ochentera de Arquitectonica y que servía de imagen en los créditos iniciales de la serie Miami Vice. Nos habían contado que no se podía acceder al espacio en cuestión, la guinda de esta gracia del estudio holandés, pero, como buenos peruanos, procedimos a colarnos, aprovechando el descuido de unos infantes que jugaban en el terral del frente y que dejaron la puerta de la calle abierta. El siguiente paso fue descifrar en que piso se encontraba el coso, algo que nos tomó 2 o 3 pruebas antes de dar con la puerta enrejada que daba a este exterior/interior y que, claro, estaba con llave. No problem, 1 piso más arriba dimos con una ventana a media altura que nos sirvió igual de acceso a este espacio que al perecer los vecinos no le ven mayor gracia que la excusa de los visitantes con gustos arquitectónicos para meterse en su propiedad comunal. Y habrá que ver también como son los depas por dentro. Pero igual está bacán ¿O no? Al lado del mismo y con más bien un perfil bajo esta otra obra de los mismos MVRDV que no deja de tener gracia. Un gran bloque de viviendas que se enrolla alrededor de un gran espacio común. Ahí si no nos metimos.